
Un estudio multicéntrico nacional en el que ha participado el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla revela que la calidad del descanso empeora significativamente durante el ingreso. Los datos muestran que la proporción de pacientes con mala calidad del sueño pasa de un 71 % en el momento del ingreso a un 85,9 % durante su hospitalización.
La investigación, titulada The Influence of Hospitalization and Nursing Interventions on Inpatients’ Sleep Quality, se ha realizado sobre una muestra de 383 pacientes adultos de unidades médicas y quirúrgicas en 12 hospitales públicos españoles. Su objetivo ha sido evaluar mediante herramientas estandarizadas (el Pittsburgh Sleep Quality Index) qué factores del entorno y de los cuidados nocturnos influyen en este deterioro.
La participación de Cantabria se ha articulado a través de profesionales de Enfermería de las unidades de Cardiología Crítica, Cardiología y Cirugía Cardiovascular de Valdecilla. La coordinación ha corrido a cargo de Isabel Pérez-Loza, enfermera asistencial de Cardiología Crítica, investigadora del IDIVAL y profesional con Venia Docendi de la Universidad de Cantabria.
El trabajo constata una asociación directa entre el número de días con intervenciones nocturnas y una peor calidad del sueño. Según los datos registrados, el 78,9 % de los pacientes recibió medicación durante la noche, al 54 % se le controlaron las constantes vitales y el 36,3 % fue sometido a extracciones sanguíneas.
El análisis identifica además diferencias por sexo frente a estas interrupciones: las extracciones de sangre nocturnas se asocian con un mayor empeoramiento del sueño en las mujeres, mientras que las intervenciones para gestionar la ansiedad afectan más al descanso de los hombres. A los factores estrictamente clínicos se suman también las molestias derivadas del entorno, como las generadas por los compañeros de habitación o las características de la cama.
La recogida de estos datos se desarrolló entre enero de 2020 y febrero de 2022. Una parte importante del trabajo de campo coincidió con la pandemia de COVID-19, una etapa marcada por aislamientos, cambios organizativos y elevada presión asistencial que añadió complejidad al estudio e influyó en el entorno de las áreas de hospitalización.
Hacia una reorganización de los cuidados
Las conclusiones del estudio apuntan hacia factores que son susceptibles de modificación. «No podemos evitar que una persona esté enferma o necesite cuidados, pero sí podemos plantearnos si determinadas actividades nocturnas pueden organizarse de otra forma, reducir interrupciones innecesarias o adaptar mejor el entorno para favorecer el descanso», explica Isabel Pérez-Loza.
El planteamiento de los investigadores no se basa en reducir la asistencia, sino en organizarla mejor buscando alternativas que concilien la seguridad clínica con el descanso. Entre las estrategias propuestas destacan la agrupación de intervenciones, el desarrollo de protocolos específicos para proteger el sueño y el uso de tecnologías de monitorización menos disruptivas para el control de constantes.
Este trabajo se enmarca dentro del proyecto CHRONOHOSPI (financiado por el Instituto de Salud Carlos III y fondos europeos FEDER) y conecta con SueñOn, una iniciativa nacional impulsada desde Enfermería para concienciar a profesionales, gestores y pacientes. Como resume la investigadora principal de Valdecilla, «el sueño no es un lujo ni una cuestión secundaria dentro del hospital: también forma parte del cuidado».

